martes, 15 de mayo de 2007

El RFID en las tarjetas de afinidad


Tecnología fascinante la del RFID. Inicialmente pensada para el reconocimiento automático y a distancia de mercaderías, hoy encuentra aplicaciones en distintos procesos de marketing.
Para los que no lo conocen, un sistema de RFID, está formado por un lado por “tags” (pequeñas antenas con un chip adosado) y por el otro por “lectores” (antenas más importantes encargadas de la lectura de los tags).
Existen dos tipos de tags, los “activos” que emiten una señal en forma permanente y por lo tanto requieren de una batería y los “pasivos” que funcionan en base a la energía, que en forma remota, emiten los lectores o antenas principales.
En ambos casos, la identificación precisa se realiza ya que cada chip contiene un número único (no hay dos tags en el mundo que tengan la misma secuencia de dígitos).
Un ejemplo conocido de tags activos lo constituyen los utilizados en las autopistas para atravesar los peajes sin detenerse con el auto.
Al ser más sofisticados, los tags activos tienen un costo mayor, pero también un alcance de lectura más importante que los pasivos (aproximadamente 8 metros contra 1).
Por otro lado, los tags pasivos dado su bajo costo y su pequeño tamaño y espesor (aproximadamente el de una tarjeta de crédito) son la elección natural al pensar en aplicaciones masivas.
Desde mi punto de vista, una aplicación interesante del RFID, es la posibilidad de utilizar tags pasivos en las tarjetas de afinidad. Esto permite, por ejemplo, que el reconocimiento del cliente en un local, se produzca a distancia sin que el cliente necesite pasar la tarjeta de manera explícita por un lector.
Me imagino que un futuro no muy lejano, será común encontrarse con displays de ofertas que se personalicen al paso de un cliente que posea este tipo de tarjetas de afinidad.
Un ejemplo concreto de esto, pero en la vía pública, lo implementó la gente de marketing de Mini Cooper en Estados Unidos. Ellos colocaron billboards (carteles enormes en la vía pública) que emitían mensajes personalizados cuando se acercaba un Mini de alguno de sus clientes que se habían sumado a la promo. Cada auto contaba, desde fábrica, con un tag activo que les permitía reconocer al cliente cuando pasaba cerca de alguno de sus carteles dinámicos.
Imaginen esto: la posibilidad de reconocer al cliente en forma automática y un modelo predictivo por detrás que nos permita realizar la oferta más adecuada para esa persona en esa situación.
Interesante, no?

Daniel Ferro.